Lo último en iluminación: Luces LED

Lo último en iluminación: Luces LED

Los diodos emisores de luz, popularmente conocidos como LED por su acrónimo en inglés, son cada vez más usuales en las casas, negocios y oficinas. Aunque fueron inventadas hace poco más de cincuenta años, recién hace unos pocos años las luces LED han llegado al conocimiento público como una opción sustentable y eficiente. 

En sus orígenes, a principios de la década del 60’, los primeros tipos de iluminación LED emitían luz infrarroja, insuficiente para iluminar una habitación y mucho menos una calle. Hoy por hoy, esta tecnología se sigue usando en los controles remoto, por ejemplo.

Con el tiempo y el avance del desarrollo tecnológico, las bombillas LED fueron cobrando relevancia en cuanto a las necesidades y urgencias de la población. Hoy por hoy, la mayoría de los gobiernos las eligen para iluminar sus ciudades e instalaciones, y un gran porcentaje de personas ya han hecho el cambio a LED en sus hogares. 

¿Pero por qué esta tecnología se ha hecho con el mercado de la iluminación, aparentemente de la noche a la mañana? Para resolver esta pregunta hay que empezar por lo primero: el funcionamiento. 

Funcionamiento y componentes de las luces LED

La iluminación LED se basa en el principio de electroluminiscencia, es decir, la emisión de luz por un material semiconductor. La estructura de dicho semiconductor se denomina unión P-N. Tiene la particularidad de poseer, en simultáneo, la capacidad de emitir luz al recibir una corriente eléctrica, y de producir una corriente eléctrica al ser iluminada.  

Este mecanismo constituye el chip de las lámparas LED; el componente que provee la iluminación en sí. Sin embargo, no es la única parte que encontrarás en este tipo de lámparas. También hallarás una fuente, una placa de soporte y, dependiendo del aparato, algún tipo de encapsulamiento de difusión.

La fuente es lo que permite que el dispositivo funcione con la corriente eléctrica del lugar. Su función es adecuar la tensión del tendido eléctrico de la región para que pueda ser utilizada por el artefacto que estés instalando. La tensión necesaria depende también de la naturaleza del dispositivo. 

Las tiras LED para iluminación doméstica, por ejemplo, requieren mucha menos tensión que las pantallas LED que se utilizan en los estadios o las grandes avenidas. 

La mencionada placa de soporte, por otro lado, no es más que la base metálica sobre la cual descansa el chip. El encapsulamiento difusor depende de cada dispositivo. No será igual en una pantalla que en un halógeno, y su forma y tamaño tienen que ver con su función, por sobre todas las cosas.

Ventajas y beneficios de la tecnología LED

Más allá de que el funcionamiento de las bombillas LED es interesantísimo, no es lo que le importa a la mayoría de los interesados. Lo que quieren saber es qué beneficio poseen las lámparas LED en comparación con, digamos, las clásicas de vapor de sodio, y qué ventajas le aportará a su vida el cambio a bombillas LED. 

Para empezar, ya sea que estemos hablando de las clásicas bombillas o de tiras, tubos, focos, pantallas, o cualquier otro tipo de dispositivo con tecnología LED, la eficiencia es lo primero a tener en cuenta. Estas lámparas y pantallas emiten más luz por menos energía utilizada, lo que hace de estos dispositivos mucho más económicos y ecológicos.

Un segundo factor de suma importancia es la vida útil, que en los mejores casos puede llegar a ser de hasta 100000 horas. Esto significa que podrías tenerlas encendidas durante más de 10 años sin que se agote su luz. Esto también implica, a su vez, un ahorro económico.

Luego, las luces LED no se calientan como las de sodio, cuya alta temperatura luego de un tiempo de uso podía llegar a representar un problema. Esto las vuelve ideales para ambientes con ciclos cortos de encendido y apagado; ciclos en los que otras tecnologías suelen fallar al poco tiempo de uso.

Otras ventajas que algunos usuarios consideran de vital importancia son la capacidad que presentan las luces LED de ser reguladas y direccionadas. Esto es muy útil en ambientes especializados, como estudios, salones de fiestas y, por qué no, hogares.    

Factores a tener en cuenta para escoger un producto LED

Lo que hemos presentado en esta publicación es común a todos los dispositivos LED, ya que su funcionalidad y sus beneficios son características intrínsecas de la tecnología que tienen en común. Pero no todas las luces LED son exactamente iguales.

Lo que deberías considerar en primer lugar es la potencia que necesitas. Esto depende del ambiente o de la función que tendrá la luminaria que estés pensando en adquirir.

Para sustituir una bombilla común de 60 watts, necesitas una lámpara LED de 12 watts. Si buscas reemplazar un tubo de 25 watts, con un halógeno LED de 3 watts te alcanzará. El menor valor de potencia que poseen es todo un símbolo de su eficiencia energética.

Como se ha dicho, el color de la bombilla LED no depende de su encapsulamiento, como sucede en las lamparillas comunes de vapor de sodio. Por eso, el color que desees también debe ser un factor a considerar.

Distintos tonos implican distintas “temperaturas” para el ambiente que iluminan. Las bombillas LED frías iluminan mejor, por lo que son más funcionales en locaciones industriales o científicas, como laboratorios u hospitales. Para iluminar una sala de estar, por otro lado, será mucho mejor una lámpara LED cálida.

Es inteligente, también, tener en cuenta la cantidad de focos LED que trae una lámpara determinada. Por lo general, en este aspecto menos es más. Cuando un foco se rompe o comienza a funcionar mal, el resto tiende a decaer mucho más rápidamente.

Las lámparas LED que poseen entre 3 y 7 focos son las más recomendables para funciones domésticas o decorativas. Las tiras LED de 20 focos, de todas formas, bien pueden ser funcionales a ciertos ambientes particulares, como fiestas, reuniones sociales o salones de ventas. 

Por último, tal vez quieras considerar también el ángulo de apertura de la luz. Distintas lámparas LED tienen diversas capacidades de apertura de su ángulo. Los ángulos menores son preferibles para localizar el foco, ideales para fotografía, cine, o algunos ambientes de la casa más pequeños.

Los ángulos mayores, por otro lado, tienen la función de iluminar habitaciones enteras y son más recomendables para llenar de luz y alegrar los ambientes más utilizados de la casa.


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